Acerca de los secretos y el juzgarnos unos a otros.
Si bien es cierto, los
seres humanos escondemos penas en el Corazón que no se pueden ver. Es por
naturaleza querer esconder sentimientos y penas por temor a ser juzgados por
aquellos que nos rodean, los mismos que nos acompañan en el camino de esta
jornada terrenal.
Nuestro Padre Celestial ha
diseñado un plan personalizado, ajustado a cada uno de nosotros. Un plan perfecto e individual justo a nuestra talla y medida, El desea
derramar abundantes bendiciones sobre cada uno, siempre y cuando estemos
dispuestos a reconocer que por medio de las diferentes situaciones, dolores y desafíos
que enfrentamos llegaremos a ser lo que El en su omnisciencia quiere que cada
uno llegue a ser.
Todos venimos a este mundo
con la luz de Cristo. Una luz que nos guía, una conciencia que nos induce a
inclinarnos por lo bueno. Creo firmemente que es la forma en que enfrentamos
nuestros retos lo que determina el desarrollo de nuestra divinidad.
Es natural que seamos
tentados a juzgarnos los unos a los otros, ya que no logramos entender
completamente el dolor y las pruebas que cada quien enfrenta. Todas las pruebas
son diferentes. Todos las sufrimos, no hay excepción. El dolor es personalizado
y viene en diferentes niveles. Solo hay uno que lo ha padecido todo.
Aquel ser perfecto,
obediente y misericordioso que estuvo dispuesto a llevar nuestros pesares, el padecimiento
físico y emocional, nuestras enfermedades, El experimentó un corazón
quebrantado. El padeció algo que absolutamente nadie llegara a sentir.
Todos aquellos que pertenecemos a la raza humana, en alguna ocasión hemos guardado un secreto.
Pienso en Abish, esa mujer Lamanita que decidió mantener oculta su conversión
al evangelio verdadero. Ella tenía un numero de razones válidas que la
conllevaron a tomar tal decisión. Primero, ella adoraba al mismo Dios de los Nefitas.
Abish vivía entre los Lamanitas, estos
eran un pueblo incrédulo y sanguinario llenos de odio en contra de sus hermanos
los Nefitas y solo podían rendir culto al Dios en el que el Rey creía . Segundo, ella era sierva de la reina Lamanita, me puedo imaginar
que la reina tenia confianza puesta en ella, asimismo Abish no revelo que había
algo diferente en su corazón. Puedo
empatizar muy bien con esta mujer valiente y prudente, puedo ver y sentir con
claridad las razones por las cuales ella tomo tal decisión. Mi corazón rebosa
de gratitud por las escrituras y los grandes personajes que se encuentran en
ellas.
Algunos pueden concluir que Abish no fue transparente al ocultar que ella
se sentía de manera diferente, pero al contrario, ella era sensata y pacífica. Mantenía
un secreto que no le haría daño a nadie.
Muchos de nosotros vivimos
en situaciones en las que nos vemos forzados a mantener algunas cosas en
secreto. Hablo de situaciones en las que escondemos nuestros sentimientos en lo
profundo de nuestro corazón porque las personas que nos rodean no lo comprenderían.
Nos sentimos oprimidos, tal vez restringidos, no podemos hablar con toda
libertad sobre los asuntos de nuestro corazón, quizá nuestra familia no
comparte nuestros puntos de vista, existe un sinnúmero de razones. Abish conoce
estos dilemas muy bien, ella vivió de tal manera durante años.
Recientemente tuve una
experiencia interesante, en la cual decidí mantener algo privado, era un asunto
que solo el Señor sabia y entendía. Como resultado fui duramente juzgada y cedi
a la tentación de juzgar a aquella persona que también lo hizo. Estaba llena de
emociones, me sentía traicionada, y sola, no tenía a nadie que me brindara su
apoyo en ese mismo momento. No podía creer lo que estaba sucediendo. Cedi a la tentación
de permitir irritarme con facilidad.
Tan pronto me di cuenta
presente el asunto ante el Señor y recordé que también hubo un ser, que derramo lágrimas y arrodillado en una roca
rodeado de árboles de olivo, sintió mi agonía y la soledad de ese momento. Las lágrimas
que rodaban por mis mejillas ya habían sido derramadas.
No soy perfecta, pero son
situaciones así lo que me fortalece, tengo la plena confianza que por medio de
estas pruebas y dolores emocionales estoy desarrollándome para ser la mujer que
Nuestro Padre Celestial quiere que sea. Para que pueda ser una hija muy
especial que pueda brindar amor y calidez a los que me rodean.
Aún quedan daños por
reparar a partir de la experiencia que viví recientemente. Somos imperfectos y
estamos llenos de debilidades, mi consuelo es la ensenanza del Elder Richard G. Scott, Dios ve la debilidad
con ojos diferentes a la rebelión. No se cual será el desenlace de este capítulo,
eso lo he dejado en manos del Señor.
A partir de lo vivido y a
pesar de los malestares yo resolví tomar
esto como una oportunidad de aprendizaje, si hay algo que es seguro, es que en
este camino estrecho y dificil, en mi esfuerzo de continuar siendo lo que aprendí
en mi misión al ser discípulo de Jesucristo, he tomado la determinación que la próxima vez
que me vea tentada a juzgar a alguien, recordare las palabras del himno “Señor
yo te seguiré”: “ Yo a nadie juzgare, pues imperfecto es mi entender, en el corazón
se esconden penas que no puedo ver, yo a nadie juzgare, Señor yo te seguiré".
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